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«El pensament de Joan Maragall», de Eugenio Trías: Un libro sin destino. (1) Genealogía de un libro liminar

Nota preliminar

El presente estudio se divide en tres partes por su extensión. De este modo se facilita su lectura con entradas independientes. Su elaboración responde a dos conferencias leídas en el mes de mayo de 2011. La primera, con el título “Genealogía de un libro liminar”, consiste en una recreación de los orígenes del libro, para conocer las circunstancias y los motivos de su escritura, y sirvió para presentar el ciclo de conferencias “De Maragall en Trías: Lectures a peu de pàgina del llibre d’Eugenio Trías El pensament de Joan Maragall[1], que se enmarcó en el conjunto de actividades y celebraciones del Any Maragall 2011, y que coordiné junto a Jaume Trabal, comisario de la exposición “Maragall, Terrer espiritual” y autor de su excelente catálogo.

La segunda conferencia partía de la hipótesis del lugar liminar de este libro en el proyecto filosófico del autor y consistía en su confirmación, primero en relación a la formulación de su propia filosofía entre su primera propuesta de una filosofía de la vida y del amor y su definitiva propuesta de la filosofía del límite, considerando las categorías que soportan el libro, así como las que formula y promueve, en la parte titulada “Un libro en el cruce de dos filosofías”, y después en relación a la dimensión ética y política del pensamiento de Joan Maragall, en la parte titulada “El ideal anarquista y la redención de la ciudad”. En su conjunto trataba de probar la importancia de este libro en el desarrollo del pensamiento filosófico del autor.

El motivo que nos empujó a organizar ese ciclo de conferencias fue la pasión que despertaron en nosotros los textos de Maragall y la imagen que de este poeta y ensayista talló Trías en su libro El pensament de Joan Maragall, publicado en el 1982. Porque su lectura nos actualizaba la imagen del poeta de la alegría de vivir y la risa, del poeta de los cantos al espíritu del pueblo, del poeta que vio en la esencia de la belleza la bondad. Y también porque no quisimos dejar pasar el Any Maragall 2011 sin volver a leer ese singular libro de Trías sobre Maragall y repensar en compañía de buenos amigos las ideas allí expuestas.  Los otros conferenciantes fueron Pere Maragall, Fernando Pérez Borbujo, Crescenciano Grave, Antoni Comín y el mismo Eugenio Trías, quien cerró el ciclo con una reflexión final sobre su libro.

Hay que decir que el ciclo de conferencias fue un fracaso de público, en parte por la desacertada elección de su lugar de celebración, el Círculo Ecuestre de Barcelona, siendo la única razón de dicha elección la proximidad del domicilio de Trías. La valoración que hizo el autor de estas conferencias se encuentra en un artículo publicado en el diario ABC (29.05.2011) con el título “El pensamiento de Joan Maragall”:

 

(1) Genealogía de un libro liminar

Gracias a un artículo escrito por Eugenio Trías en el 1984 titulado “Pep Calsamiglia, amigo y maestro”, para el número extraordinario que la revista Enrahonar del Departamento de Filosofía de la Universitat Autònoma de Barcelona dedicó a la memoria de quien fue su director hasta el 1982, fecha de su muerte, un artículo que es una auténtica confesión autobiográfica e ideológica de sus primeros años de formación filosófica y de su paso por la Universidad, disponemos de un testimonio del mismo autor sobre la génesis del libro:

“Mi relación con Pep –dice Trías– alcanzó su cénit a raíz de la campañía compartida en torno al pensamiento de Maragall. Siempre recordaré una comida en Les Violetes con Pep y con Jordi Maragall (a quien en esa ocasión conocí) en el curso de la cual se me convenció de que «debía» escribir un libro sobre el pensamiento de Maragall, deber que interioricé muy pronto e hice mío.

El libro está dedicado a Pep. Él me fue guiando, en ese modo suyo de guiar enmascarado en la constante divagación, (…). Pep era un hombre de gran fortaleza filosófica y de obstinada fidelidad a sus temas. Y Maragall fue siempre una de sus obsesiones: el pensamiento latente en la obra del gran poeta. ” (Enrahonar: Quaderns de filosofia, 1984, nº 7/8 Homenatge a Josep Calsamiglia, pp. 17-18).

La relación con Josep Calsamiglia (Barcelona, 1913-1982) se inicia tras la vuelta de éste a la Universidad, el 1968, a la recién fundada Universitat Autònoma de Barcelona, como profesor de Historia de la Filosofía, después de ser inhabilitado para la docencia el 1939, un ejercicio que comenzó el 1933, tras la depuración antirepublicana y anticatalanista del triunfante régimen franquista. Junto a Xavier Rubert de Ventós, como profesor adjunto de Filosofía en el curso de 1969-1970, compartió el afan de Calsamiglia en “dar vida a la filosofía universitaria académica”. Y cuando el marco universitario académico de entonces no permitío la vivifación de la filosofía que profesaban, el espíritu socrático de Calsamiglia le animó, junto a Xavier Rubert de Ventós, Jordi Llovet y Toni Vicens, a fundar en Barcelona, el año 1976, el Col·legi de Filosofia. Posteriormente, después de la publicación del libro de Trías, Meditación sobre el poder, en marzo de 1977, que despierta en Calsamiglia un vivo interés, “un grito de juventud” –en palabras de Trías– , se inició una constante y creciente amistad que alcanzó su cumbre con las conversaciones en torno al pensamiento de Joan Maragall, como patentiza la confesión antes citada. El magisterio y amistad de Calsamiglia llevarán a Trías a sentir como una obligación intelectual y moral la composición del libro al que había sido exhortado.

Al poco tiempo de la la exhortación de su mentor y guía en la lectura e interpretación de Maragall ya se pone manos a la obra en un escrito previo, su primera incursión en la obra del poeta. Se trata del Epílogo a su libro La memoria perdida de las cosas, cuya redacción concluye en septiembre de 1977, y que se publica al año siguiente. En las primeras líneas de este escrito rememora sus conversaciones con Calsamiglia, a quien atribuye la fuerza genésica del texto. Este escrito parte de una lectura apasionada de uno de los últimos artículos de Maragall titulado “Preparad los caminos” (13-VII-1911), un breve ensayo pero intenso, vibrante, exultantante, que patentiza su profusión de citas. Trías percibe clara y distintamente el «gran estilo» nietzscheano de Maragall y señala un rasgo distintivo de su pensamiento que la crítica convencional ha obviado: el espíritu ácrata. Asimismo reconoce su linaje faústico en la meditación sobre la condición humana, en la medida que en su obra se escenifica un continuo desplazamiento desde la insatisfacción a la verdad, razón suficiente para que ponga su voz a la altura de Goethe, Hegel, Nietzsche, Baudelaire, Rilke, Freud, Proust y Benjamin, los otros autores con los que dialoga en el libro antes mencionado. De este modo traza las líneas maestras sobre las que construirá después su interpretación de Maragall.

Este texto escrito entre marzo de 1977 y septiembre del mismo año responde con celeridad al mandato genésico de Calsamiglia. Le seguirá el artículo “La verdad y la muerte” publicado en el Diario de Barcelona el año 1978[2], mencionado por Jordi Maragall (1911-1999) en su Prólogo al libro de Trías El pensament de Joan Maragall, al que remite la iniciación de esta monografía, y señala que su autor expresa “su deseo de proseguir la investigación”. Asimismo, nos recuerda que, como el mismo Trías cuenta en el artículo arriba mencionado, primero Pep Calsamiglia y más tarde mi hermano Gabriel y yo mismo, le animamos a llevarla a cabo” (citado de la edición de 1985, pp. 20-21). Si nos preguntamos por qué Calsamiglia y los hermanos Jordi y Gabriel Maragall confiaron en Trías para tal empresa, la respuesta es sencilla: en aquellos años Trías ya era reconocido como uno de los pensadores más dotados para la interpretación de otros pensadores, como dan testimonio sus libros El artista y la ciudad (1976), que fue IV Premio Anagrama de ensayo, y La memoria perdida de las cosas (1978), un libro, por cierto, muy apreciado por Ángel Crespo, y las exégesis de clásicos de la literatura, en particular sus monografías Tomas Mann y su obra (1978) y Goethe y su obra (1980). Asimismo, su obra de creación filosófica se abría paso con una gran solidez y originalidad, tanto por la maestría en el género del ensayo, la transversalidad de los temas y autores tratados y la coherencia y rigor de su propuesta filosófica[3]. Asimismo tenía un profundo conocimiento de Platón, Hegel y Nietzsche. Todo ello hacia que nadie fuese “más apropiado –como dice Jordi Maragall– para una comprensión en profundidad de Joan Maragall”. De ahí que señale su libro como “un hito fundamental en el desarrollo de las imágenes que han ido ofreciendo los críticos y biógrafos” (p. 20).

Afortunadamente para el lector de Trías, la buena acogida del público de buena parte de sus libros ha permito sucesivas ediciones que han incorporado nuevos prólogos del autor en los que se analiza retrospectivamente la importancia de cada libro en su trayectoria filosófica. Este es el caso de Lo bello y lo siniestro, publicado en el 1982, donde encontramos en el Prólogo a la octava edición del 2001 otro testimonio del autor sobre espacio de tiempo que ocupó la elaboración del libro sobre Maragall:

“De hecho –nos dice el autor– lo llevé a cabo a la vez que culminaba también otro ensayo, hermano gemelo de éste, escrito simultáneamente; un libro aparentemente muy distinto, el titulado El pensamiento de Joan Maragall.

Recuerdo haberlo escrito en sus principales partes en un verano, en Ibiza, en el que daba forma a mis apuntes relativos a Lo bello y lo siniestro, en justa alternancia de horas y de días, en relación al libro de Maragall. A veces combinaba páginas de uno y de otro. Dos libros, sin embargo, de muy diferente factura. Es quizás, la única vez en mi vida en que llevé a cabo, al mismo tiempo, dos tareas de creación de escritura (normalmente me centro en un único objetivo textual). Ambos textos, leídos desde este ángulo (de la creación) reservan al lector extrañas afinidades subterráneas, o implícitas” (Prólogo a la octava edición. Op. cit., Barcelona, Ariel, 2001, p. 14).

Finalmente, a finales del verano de 1981, Trías concluye su monografía sobre Maragall. El texto original está escrito en castellano. La traducción al catalán se encomendó a Jordi Maragall, así como el Prólogo, fechado en agosto de 1981. La publicación data del 1982. Posteriormente, el año 1984, publicó unos ensayos complementarios. Y al año siguiente se editaron nuevamente reunidos en un solo volumen. Las referencias bibliográficas de estas sucesivas ediciones son las siguientes:

El pensament de Joan Maragall. La crisi espiritual de Maragall el 1907. Traducció i pròleg de Jordi Maragall i Noble. Fundació Banco Urquijo i Edicions 62, Barcelona, 1982.

La Catalunya ciutat (El pensament cívic a l’obra de Maragall i d’Ors) i altres assaigs, L’Avenç, Barcelona, 1984.

El pensamiento cívico de Joan Maragall. Península, Barcelona, 1985. Reune en un volumen, en su original versió castellana, los dos títulos anteriores, salvo los «otros ensayos» que acompañaban al segundo. El volumen se divide en dos partes. La Primera parte contiene el texto de 1982, que ahora aparece bajo el título El pensamiento de Joan Maragall, al suprimirse la segunda parte del título («La crisis espiritual de Maragall el 1907»). La Segunda parte sólo contiene el ensayo principal del libro publicado en 1984, que aparece ahora con un nuevo título, Maragall, D’Ors i la Cataluña-ciudad.

El estudio de su segundo libro sobre Maragall sería objeto de otro ciclo de conferencias, por cierto, del todo necesario. Porque no sólo ha sido poco apreciado, sino que ha caído en el olvido, al postular una concepción intempestiva del catalanismo en un momento en que emergía en algunas fuerzas políticas catalanas un acentuado esencialismo que con los años llegará a manifestarse bajo la forma del independentismo. De hecho, la posición ideológica de Trías en la política catalana y española tienen en este texto su carta fundacional. En este sentido, sus diferencias ideológicas con algunos fundadores y participantes del Col·legi de Filosofia, como es el caso de Rubert de Ventós, tiene en esta visión del catalanismo su punto de inflexión. Tan sólo decir aquí que el mismo autor, en la Introducción a la edición de 1985, nos informa sobre la relación entre ambos libros. Si en el primer libro sobre Maragall se propone “analizar el marco externo, histórico, social y ciudadano en que esa gran figura se produjo desde y a partir de la interioridad misma de su propio pensar y poetizar, de manera que sólo a contraluz podía filtrarse dicho marco exterior”, en su segundo libro se propone “avanzar una reflexión en torno a la compleja sociedad civil catalana y barcelonesa, la que constituyó el marco característico en donde pudo insertarse Maragall”. Si en su libro El pensament de Joan Maragall buscaba “lo específico del pensar poético maragalliano”, en cambio, en su libro La Catalunya ciutat, busca “la identidad y diferencia catalana”, que “cifro –nos dice– en la civilidad, en la idea-fuerza de Ciudad”[4]. Para Trías, el signo de identidad de Cataluña y su especificidad en relación a España radica en su espíritu civil y “no en diferencias antropológicas ni cultural-lingüísticas”. (pp. 161-162). Dejo para la consideración del lector esta controvertida cuestión.

Trías se propone en su monografía sobre Maragall resarcir la talla filosófica del poeta y ensayista como pensador, refutando, tal como declara en una de las primeras notas finales de su libro (p. 140, n. 7), ”la imagen falsa del Maragall espontaneísta y pánida [o panteista], incapaz de una elaboración rigurosa de su palabra poética o filosófica”. A su juicio, existe en el conjunto de su obra “un pensamiento perfectamente trabado y cohesionado, si bien ha quedado implícito por razón de que el poeta y ensayista no es, en rigor, filósofo”. Y señala como prueba de fuego de su juicio los Elogios, que en palabras del propio autor son “profundas síntesis trabadas y estructuradas de ideas filosóficas ricas y rigurosas”. En opinión de Trías, en los Elogios cristaliza el pensamiento maragalliano, que “tiene en la noción de alma del mundo, en su dimensión de anhelo, de luz y de erotismo, en su voluntad de elevación y autotrascendencia, su concepto nuclear” (p. 91). Y es justamente esta concepción la que, a su juicio, “se pondrá en cuestión en la crisis de 1907”, como señalaremos más adelante (p. 92).

De este modo, Trías se opone a la interpretación que hiciera Eugeni D’Ors en el Prólogo al volumen XXIII de las Obres completes de Joan Maragall, titulado El signe de Joan Maragall en la història de la cultura, publicado el año 1936, en la edición de sus hijos en 25 volúmenes, bajo la dirección de Joan Estelrich (Sala Parés llibreria [excepto el vol. XXV: Edimar], Barcelona, 1929-55). En el Prólogo al libro de Trías, Jordi Maragall recuerda que la visión de D’Ors produjo a la familia “considerable espanto, (…) inquietud y disconformidad” (p. 14-15). Ciertamente la perturbación que provocó la interpretación de D’Ors en la imagen de Maragall siempre estuvo viva en la familia, como prueba el siguiente juicio crítico de Jordi Maragall en un escrito del 1999, el año de su muete, en el que precisa todavía más el juicio vertido en su Prólogo al libro de Trías:

“Eugeni D’Ors, en su afán de polarizar los signos culturales de los personajes, sitúa a Maragall en el polo romántico, espontaneista y llega a calificarlo de “pánida”, seguidor del dios Pan, en contraposición a lo apolíneo (del dios Apolo), signo de lo clásico y estructurado por la inteligencia ordenadora. Pero nosotros consideramos que la polarización es forzada y que basta conocer la sensibilidad “cultivada” de Maragall, como dice Castellanos[5], para rechazar el espontaneismo radical como lo considera D’Ors. Maragall dice que solo se debe hablar — o escribir– cuando la emoción ha calado hondo en el alma, y entonces, sólo entonces, la palabra brota como floración de esta profundidad. Es verdad que también dice que el ideal sería sugerir el mundo con una sola palabra —carta a Pijoan— pero ello seria asimismo fruto de la intensidad de la emoción” (“Joan Maragall: Pensamiento y Personalidad”. Ponencia del VIII Seminari de Filosofía Española 1997. Departamento de Filosofía III. UCM. Págs. 155-156).

Y en el mismo Prólogo, Jordi Maragall nos desvela un hecho de gran importancia para entender uno de los motivos del libro de Trías:

“La réplica más contundente a la imagen maragalliana de Eugeni D’Ors nunca llegó a publicarse. Está en el Archivo Maragall y es fruto del profundo estudio de mi hermano Gabriel Maragall. Este estudio, a su vez, ha contribuido muy sustancialmente a la nueva imagen que hoy nos ofrece Eugenio Trías” (p. 15).

El estudio al que aquí se hace referencia es el Esbós biogràfic, publicado cinco años después del libro de Trías (Barcelona, Edicions 62, 1988), que se centra en la hipótesis de la crisis espiritual de Maragall del año 1907, que deja una profunda huella en la evolución del poeta, y que tiene su origen en el presentimiento de una muerte próxima, no sólo física, sino espiritual, y que Trías llega a calificar en su Introducción de “injusticia poética”, porque “se tiene ante Maragall la sensación de que murió demasiado pronto, cuando apenas había comenzado a expresar las ideas (poéticas, filosóficas, críticas) gestadas en la crisis de 1907” (op. cit., p. 33). “Maragall –nos dice Trías en la Introducción a su libro– vivió seguramente de forma interna una encrucijada de época que pudo presentir” (op. cit., p. 32). La importancia de esta hipótesis en el curso del libro de Trías, de la que parte y que interioriza, le lleva a confesar, en el Prólogo que sigue a la Presentación de Jordi Maragall (en la edición de 1985), que el estudio de su hermano, que le confía la familia para la elaboración de su monografía, “constituye el único ensayo profundo, lúcido y esclarecedor que he encontrado para soportar, algo equipado, las reflexiones que en este ensayo llevo a cabo” ( p. 24). Ciertamente, la crisis de 1907 está presente en todo el libro, pero es en el tercer capítulo donde se tratará de determinar en qué consiste y qué consecuencias tiene en la evolución de su obra y pensamiento.

No es este el momento para debatir si hay una cierta incomprensión o no del ideario orsiano, como apunta Norbert Bilbeny en el capítulo que dedica a Trías en su Filosofía contemporánea a Catalunya (Barcelona, Edhasa, 1985, p. 357). Tampoco es el momento para falsar la validez de esta hipótesis, si hubo o no propiamente tal crisis el 1907. Pero en relación a esto último, cabe preguntarse si en lugar de evolución hay en Maragall “mayor precisión mental”, como dijo el anarquista catalán Federico Urales en el comentario a una carta solicitada al poeta a principios de 1900 para una encuesta filosófica publicada en la Revista Blanca. En la carta de Maragall a Urales, que han ignorado los críticos, se afirma: “La obra que representa mejor mis ideas es siempre la última que escribo, porque pretendo hacer de mi vida un continuo excelsior[6], sin estancarme nunca” (cita tomada del libro La evolución de la filosofía en España [1934]. Barcelona, Ediciones de Cultura Popular, 1968, p. 208). La luz de esta confesión de Maragall, un escritor y pensador siempre en ascenso, que busca siempre superarse a sí mismo en el curso de su obra, proyecta una sombra tras los juicios que vierte Trías en las últimas páginas de su Introducción movidos por la desazón de una obra inacabada, en la que “todo es escaso, todo lo que nos ha dejado de este último período nos deja sabor a poco, siendo mucho, por cuanto hay en ello, latentes, posibilidades inmensas no explotadas” (op. cit., p. 34). Dejo para la consideración del lector esta espinosa cuestión.


[1] Para la presentación y programación de este ciclo de conferencias puede verse el siguiente documento: Maragall-Trias

[2] El artículo en cuestión está pendiente de localización y análisis.

[3] En el año 1981, la revista Anthropos (nº 4) le dedicó un monográfico, que fue reeditado en 1993. Fue el primer filósofo hispano en aparecer en estas celebradas revistas monográficas, lo que acredita su valía y pujanza en el ambiente filosófico de aquellos años, si bien no podemos negar la existencia de algunos desiertos críticos en la recepción de su obra por parte del gremio de los filósofos académicos, como el mismo Trías señala en el artículo sobre Calsamiglia citado más arriba

[4] Confróntese esta idea con la crítica a la metrópolis, a la que contrapone la idea de una ciudad limitada, en armonía con la naturaleza, expuesta en el libro escrito a dos manos con Rafael Argullol como una serie de conversaciones, que lleva por título El cansancio de Occidente (Barcelona, Ediciones Destino, 1992, p- 107).

[5] Castellanos, J. “Modernisme i Noucentisme” en L’Avenç, núm.25, Barcelona 1980.

[6] Esta palabra procede del Latín “excelsus” y significa “superior”, “señorial” y “siempre en ascenso”.

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